¿Tienen amigos colombianos y venezolanos? Los han visto u oído en una reunión
seguramente peleando porque ESTA AREPA ES MÍA. Y cantidad de cosas que tenemos en
común y que cada gentilicio la toma para sí como un niño que no quiere compartir su
juguete: -”La arepa es mía” y se la pega al pecho.

Colombia y Venezuela, somos países hermanos, me atrevería a decir que siameses
porque estamos unidos por las costillas: 2.341 kilómetros de frontera terrestre. Unidos
por las arepas. Que sí. Las AREPAS SON DE COLOMBIA Y VENEZUELA. El espacio
geográfico donde están asentados los dos países, allí, en tiempos ancestrales tanto los
timoto-cuicas, chibchas, cumanagotos y caribe domesticaron el maíz, ese territorio
amplísimo conocido como Los Llanos. No hay discusión más pendeja entre venezolanos y
colombianos peleando por la arepa cuando es degustada por todos. Y no solamente eso:
las tajadas fritas de plátano con queso, los tostones o patacones, la carne desmechada,
ambos morimos por unos chicharrones o chorizos y aparte: escuchamos una cumbia o
merengue y se nos mueve el cuerpo solo. Berreamos con una ranchera y nos despechamos
con un vallenato o bolero con un trago de ron, miche o aguardiente. Y mujeres esculturales,
hijas del mestizaje, ganadoras de muchos títulos de belleza. Conclusión: que es más lo que
tenemos en común que lo que nos separa.

Mirándolo así, es maravilloso ver que somos hermanos en una misma habitación que viven
peleando.

¿Por qué esa pelea?
Tengo entendido que esta pelea, este “pique” viene de la época de la Independencia cuando
Bolívar armó su rompecabezas de la Gran Colombia, es decir, Bolívar, un visionario que
hizo como los europeos, pero que se adelantó 200 años. Era muy bonito el sueño de El
Libertador de crear esta zona común sin fronteras y vivir en una gran mancomunidad entre
Venezuela, Colombia y Ecuador y el que se apùntara. Pero las ideas son buenas y llevarlas
a cabo es otro cantar. Con el gobierno de la Gran Colombia despachando desde Bogotá, al
llanero Páez no le agradaba mucho que Santander viniera a darle órdenes. Intervino
Bolívar en la disputa, le dio las razón a Páez y destituyó a Santander como vicepresidente.
De allí se generó el intento de magnicidio del Libertador y degeneró en la disolución de la
Gran Colombia para ahorrarles detalles.

De allí viene ese pique, desde hace 200 años.

Ahora bien, es más lo que nos une que lo que nos separa. Y más me va a dar la razón
cuando se enteren que la adorada Virgen de la Chinita o Virgen de Chiquinquirá también
la compartimos con gran devoción. Es la Patrona de Colombia y es una de las
advocaciones más veneradas por el pueblo zuliano, conocida cariñosamente como La
Chinita, territorio bañado por el Lago de Maracaibo y de los aborígenes Wayúu.

En ambos territorios hermanos está Tamarindo Express, otro factor de unión entre
Colombia y Venezuela que nos facilita la vida, que nos hacen los trámites y que se conocen
de cabo a rabo nuestro territorio.

LA CHINITA nos hace recordar un gran éxito del Gran Combo de Puerto Rico: Ojos
Chinos. Besos, pellizcos, abrazos y mordiscos. Hasta la próxima.