Hoy Tamarindo está lleno de cajas apiladas para ser enviadas.

Los paquetes vuelan los viernes, eso uno se lo aprende cuando está trabajando por aquí unas cuantas horas. ¡Ya queda poco para que todos estos paquetes salgan a su destino!

Es mediodía y ha llegado una clienta con una maleta.

María Celsa Perea es una de las primeras clientas que tuvo Tamarindo Express, es una mujer que hace que todo el mundo se ría con ella, que tiene una forma de ser muy simpática, y que nos tiene a todos de buen humor por su visita.

Yo me he puesto cerca de ella, y le he preguntado si es posible entrevistarla para nuestro blog.

– Muy buenas. ¿Me permite entrevistarla para las Historias de Tamarindo?

– ¡Claro que sí! Voy a poner una encomienda. Pero, espéreme que me está llamando mi hija de Alemania, y no la puedo dejar metida.

Mientras María Celsa está hablando por el móvil, José Ramón, el todero de Tamarindo Express, se ha dado cuenta de que su maleta necesita una pequeña reparación.

– ¿Hace cuánto que empezó a hacer envíos con Tamarindo? – le pregunto.

¡Uy! Hace más de veinte años, cuando esta oficina estaba en Gran Vía.

– Cuénteme si puede, qué está enviando, y a dónde, María Celsa.

– Esto es ropa que estoy enviando a Buga. Hace como seis años que no voy.

– ¿Tiene muchas ganas de ir? –le pregunto intrigada.

– Muchas ganas. Yo voy a viajar, pero yo no quiero ir muy cargada, así que, envío unas cositas por Tamarindo.

– Veamos, José Ramón cuánto pesa esto.

José Ramón saca la ropa de la maleta y la coloca en una caja.

– Son algo más de seis kilos -le dice.

– Te cabe en una caja de 30 x 30x 30- le explica a María Celsa. Faltan 600 gramos para que lo redondees hasta los 7 kilos. O puedes también quitar 400 gramos.

– Probemos quitando este saco, el pañuelo, o el exfoliante- dice María Celsa.

– Eso ahora está restringido, no lo vas a poder enviar- le comenta María, una de las trabajadoras de Tamarindo, al tiempo que le dice que se siente para tomarle los datos.

– Mire, María. Le regalo este pañuelo.

– Ay, muchas gracias, María Celsa. ¡Está lindo el pañuelo!

– ¿A quién vas a enviar la caja?

– Lo mando a la misma persona de siempre.

– Listo, pero ahora todos los datos tienen que estar completos, dame tu dirección completa, María Celsa.

– Sí. Le doy la dirección de Jaén -dice mientras abre una libreta.

– ¿Y qué tal en Jaén?- le pregunto

– Pues mis hermanos hace tiempo viven allá. El frío es horrible, hace sol de día, y por la noche hace frío.

– Te informo: esta caja tarda ocho días hábiles en llegar. Va por avión.

– Sí, María. Es pura ropa. Porque ya no se pueden enviar perfumes.

– Tienes que darme el valor para calular el 3% del seguro.

Después de hacer unos cálculos y de asegurarla, la caja se cierra y María Celsa se empieza a despedir de todos los que trabajan en Tamarindo, y sale por la puerta.

¡Muchas gracias por arreglar la maleta, se gano el cielo! -le dice a José Ramón.

Cuando le pregunto a Ernesto por esta clienta pionera, me dice que ella empezó en Gran Vía 80, haciendo giros a su familia, y hemos visto que hasta se jubiló- me cuenta.

A los cinco minutos María Celsa vuelve a aparecer por la puerta.

– Voy a guardar esta maleta por aquí. Paso esta noche a recogerla.¡Me la guardan!

Unos días después, llego a trabajar a la oficina, con la idea de hacer la siguiente de las Historias de Tamarindo. Ernesto me cuenta que ayer vino María Celsa a despedirse, porque salía para Colombia y no sabe por cuánto tiempo estará fuera. ¡Le deseo que tenga el mejor de los viajes! Y que regrese pronto, todos en Tamarindo la estarán esperando.