Por María Paz Ruiz Gil

– ¿Qué pasa si alguien quiere hacer un envío mucho más grande? -le pregunto a José Ramón, uno de los empleados de Tamarindo Express en Madrid.

-Pues que le ayudamos a que llegue perfecto, y también le ayudamos a embalarlo -me responde resuelto.

– A ver si tengo suerte, y hoy me topo con alguien que quiera hacer un envío de estos.

Pensaba ir a tomarme un café, y salir a tomar el aire, cuando vi que por la puerta entraba una señora de unos sesenta años y un chico atlético. Él detuvo la puerta con el pie y empezó a traer una decena de bolsas de rafia (¡de las grandes!) y ella empezó a ponerlas en fila india ante mis ojos.

¡Este era el envío que estaba esperando!, pensé con cierto alivio. A ver cómo se hace. Y a ver quién es esta mujer tan dicharachera.

– ¿Cómo te llamas?

-Soy Carol.

– ¿Y para dónde vas a enviar todas estas cosas?

– Esto va para Venezuela por envío marítimo. ¡Yo soy de León, pero viví en El Tigre por treinta años! -responde con cara de estar viendo de nuevo Venezuela una vez más.

– ¿Y a quién le vas a enviar todas estas cosas? -digo revisando muy por encima algunas bolsas de comida que llevan pipas, aceite de oliva o chuches.

– Tengo seis nietos en Venezuela. El más pequeño tiene tres años y el mayor tiene catorce.

– ¿Tienes a tu familia allí? – le pregunto mientras me siento a tomar notas.

– Mis dos hijos viven en El Tigre. Tengo a mi hermano aquí, y este muchacho tan guapo, que me ayuda en todo, es su pareja.

– ¿Y cómo están tus hijos?

– Es complicado. Mi hija está casada, tiene esposo, y están allí con su madre. Por eso decidieron quedarse. Y mi hijo igual. Hace cuatro años que no los veo. Leonardo tiene 41 y Tamara 38. Están bien, pero yo te digo que, si no me cogen la videollamada, me pongo de los nervios.

– ¿Y tú por qué te viniste?

– Porque me enfermé. Yo me iba a morir. Y aquí estoy yendo al médico. Ya estoy mejor.

– ¡Cuánto me alegra! ¿Y vas a volver a Venezuela?

– Claro que sí. Ahora que ya me han dicho que puedo volver, tengo pensado ir por un mes. Todavía no he comprado el pasaje.

– ¿Y cuándo quieres ir?

– ¡Tengo pensado ir a finales de marzo!

– ¿Esto es todo lo que vas a enviar? – pregunta José Ramón. ¿Te parece bien si lo hacemos con una caja grande de 75x50x50 y otra más pequeña?

– Sí- responde Carol mientras empiezan a embalar el aceite de con el papel de burbuja-

Les mando aceite a cada uno, que espero que les dure.

-Veo que les mandas muchísima ropa. ¿Es nueva? -le pregunto después de ver sudaderas, pantalones y zapatos.

– También hay cosas usadas. Lo que no les sirva, lo pueden regalar. A los nietos lo que más les gusta es los zapatos.

– Veo lápices de colores, pantuflas, bolsos. ¡Mandas de todo! – le digo mientras veo que José Ramón ha empezado a colocar todo con mimo dentro de la caja.

– Les mando chorizo, lomo y hasta tampones. Es que allá no hay- comenta con la mirada de alguien que sabe lo que se pueden valorar estas cosas.

– ¿Y qué es lo que echas de menos de Venezuela?

– Echo de menos a la gente y la playa. ¡Allá uno va mucho a la playa!

– Y cuéntame. ¿Cómo te ha ido con Tamarindo Express?

– A mí me ha ido muy bien con Tamarindo. ¡Me gusta que te lo empacan! Yo he hecho unos seis o siete envíos. Antes los hacía por aerolínea, ahora los hago con Tamarindo.

– Genial. Bueno, Carol. Así que tú vas a llegar antes que esta caja a Venezuela. Me parece que tienes muchas ganas de volver a esa tierra.

– Yo me considero venezolana. ¡A mí alguien me habla mal de Venezuela y la tenemos!